A diferencia de enero, este mes ha pasado volando y, casi sin darme cuenta, ya he superado más de la mitad de mi estancia. Aunque en ningún momento me he sentido a disgusto, sí es cierto que desde hace unas semanas todo fluye con mucha más naturalidad. Lo que más me costó al principio fue adaptarme al horario, pero ahora que los días empiezan a alargarse ya no salgo de la oficina con la sensación de que el día ha terminado antes de empezar. Este pequeño cambio ha influido mucho en mi ánimo: me permite disfrutar más tanto del trabajo como de las pequeñas rutinas cotidianas que, cuando una está lejos de casa, pueden llegar a hacerse pesadas. También estoy aprovechando mejor mi tiempo libre, algo que ahora valoro especialmente.

A nivel profesional, ha sido un mes especialmente intenso. He dedicado gran parte de mi tiempo a un proyecto para una empresa que está trasladando sus oficinas. Nuestro encargo consistía en actualizar y reorganizar varios cuadros corporativos, lo que implicó mandar fabricar nuevos marcos e incorporar documentos históricos de gran valor, como sus primeras cuentas de balance y algunas láminas del Atlas du Vicomte de Santarém, repletas de mapas ilustrados con un nivel de detalle impresionante. Mi trabajo se centró en la edición de las imágenes en Adobe Photoshop y en la organización de las medidas a escala en Adobe Illustrator, asegurándome de que cada pieza encajara perfectamente en su marco correspondiente. Además, propuse un sistema de leyendas para colocar bajo cada documento, con el objetivo de aportar contexto histórico sin sobrecargar visualmente el conjunto. Fue un ejercicio interesante de equilibrio entre diseño, funcionalidad y respeto por el contenido.

Para este mismo cliente también colaboré en el diseño de la señalética de las nuevas oficinas, un trabajo que exigía coherencia con la identidad corporativa y claridad en la información. Esta última semana, además, me involucraron en un proyecto completamente distinto: el diseño de un stand para una feria de motos y la creación de una animación en Adobe After Effects, junto con sus distintas adaptaciones, con motivo del 250 aniversario de la empresa. Ha sido un mes de mayor responsabilidad y de proyectos muy variados, lo que me ha permitido ampliar mis competencias y asumir nuevos retos con más seguridad.

En cuanto al tiempo libre, he dejado un poco de lado los planes turísticos más típicos. Casi todos los fines de semana he optado por algo más sencillo: ir a merendar con mi amiga Noelia y pasear sin rumbo fijo para seguir descubriendo rincones de Oporto.

Creo que estoy algo saturada de las zonas más turísticas y ahora disfruto mucho más perdiéndome por barrios menos transitados y viviendo la ciudad de una manera más cotidiana y auténtica.

En definitiva, este mes ha estado marcado por una mayor exigencia profesional y, al mismo tiempo, por una sensación de calma y equilibrio personal. Siento que estoy creciendo no solo como diseñadora, sino también en mi manera de adaptarme y disfrutar de la experiencia en su conjunto.

