Después de pasar las vacaciones de Navidad en casa, me tocó volver a Portugal en avión para seguir con mis prácticas. La verdad es que iba con un poco de miedo al subir porque el mes pasado tuve algunos problemas con el vuelo, pero esta vez todo salió genial y hasta llegamos 27 minutos antes de lo previsto. Gracias a eso pude ir tranquila a coger el tren y, por el camino, volví a ver las luces de Navidad que aún no habían quitado. Me hizo ilusión verlas todavía encendidas porque me hicieron sentir un poco más acompañada en la vuelta a la rutina.

Aun así, este mes se me hizo un poco cuesta arriba a nivel emocional. Estaba muy feliz pasando tiempo con mi familia y mis amigos en España, así que volver a separarme de ellos me puso un poco triste en algunos momentos. Además, me costó volver a acostumbrarme a los horarios de sueño y a la rutina diaria. Por si fuera poco, se nos estropeó el baño del piso y eso fue un lío para el día a día. También eché mucho de menos el sol de España, ya que en Portugal ha hecho muy mal tiempo con una borrasca que trajo lluvia y hasta granizo. Había días que no daban ganas de salir de casa porque, aunque fueras con paraguas y un buen chaquetón, acababas calada hasta los huesos.

A pesar de estos baches, intenté mantener una actitud positiva y seguir aprovechando a tope mi experiencia Erasmus. Para animarme un poco hice algo de «turismo gastronómico» y probé varios tipos de rissóis, como los de carne o los de bacon y queso, que me encantaron. Además, hice planes con mis compañeras para desconectar: un día quedé con Naia para cenar una hamburguesa y otro día Nai y yo nos pusimos manos a la obra en la cocina y preparamos un costillar a la barbacoa con patatas. Esos momentos juntas me vinieron muy bien para relajarme y olvidar un poco la rutina.

En cuanto a mis prácticas, sigo en el estudio de diseño con mi horario de 9:00 a 18:00. Este mes ha sido muy interesante porque he participado en proyectos reales y he visto de cerca cómo funciona un estudio de verdad. He trabajado editando logos de clientes reales usando Photoshop e Illustrator, e incluso utilicé un escáner para comparar si los resultados eran mejores escaneando o haciendo fotos. También tuve que buscar una tipografía exacta para el diseño de una estrella, ya que era muy importante que fuera idéntica a la original para no perder la identidad de la marca.

Pero, sin duda, el proyecto más importante de este mes fue crear un calendario animado para las redes sociales del estudio. Lo primero que hice fue investigar qué fiestas había en febrero, centrándome en San Valentín y Carnaval. Luego busqué inspiración en Pinterest y Freepik para crear un «moodboard» con los colores y el estilo que quería usar. Después de preparar todos los dibujos en Illustrator, me pasé a After Effects para empezar con la animación. Fue todo un reto porque tuve que usar capas, objetos nulos y hasta algunos códigos para que los movimientos quedaran fluidos y profesionales. Mi compañero me echó una mano cuando me atascaba con algún código o algún error técnico.

Durante el proceso del calendario fuimos haciendo cambios. Por ejemplo, al principio iba a poner unas maracas para el Carnaval, pero al final decidimos cambiarlas por unos cuernos de demonio porque quedaban mucho mejor con la música que elegimos. También hicimos una sesión de fotos para el calendario del mes que viene y tuve que editar las imágenes para que encajaran bien con la animación. Al final, después de muchas pruebas y correcciones, conseguí terminar el vídeo. Ha sido uno de los trabajos más completos que he hecho y me ha servido para aprender a organizar mejor un proyecto, trabajar en equipo y perder el miedo a programas como After Effects. Aunque este mes ha tenido momentos complicados por el tiempo y la morriña de estar lejos de casa, me siento muy orgullosa de lo que he avanzado y de la confianza que estoy ganando en mi trabajo como diseñadora.

Scroll al inicio