Tras un merecido descanso navideño, el pasado 11 de enero volví a Milán con las pilas cargadas para retomar mis prácticas en Áncora. El mes ha empezado con un ritmo tranquilo, pero muy creativo, permitiéndome profundizar en herramientas y procesos técnicos que están enriqueciendo mucho mi formación en Asistencia al Producto Gráfico Interactivo.

Mis primeros días en el estudio se centraron en finalizar un encargo de invitaciones de boda. Para este proyecto, mi flujo de trabajo comenzó con una fase de documentación en Behance y Pinterest, buscando referentes actuales que combinaran elegancia y frescura.

Para los elementos gráficos de las invitaciones infantiles, me apoyé en Freepik, seleccionando vectores que luego personalicé. En esta ocasión, decidí trabajar íntegramente con Adobe Illustrator; al tratarse de un diseño basado principalmente en ilustraciones y trazados, la versatilidad de los vectores me resultaba mucho más ágil que la maquetación en InDesign.

El viernes 16, para cerrar la primera semana, mis compañeros tuvieron el detalle de invitarme a comer, un gesto que agradecí enormemente para volver a conectar con el equipo. El fin de semana fue de descanso total en casa, recuperando fuerzas para lo que venía.

La segunda semana el nivel de exigencia subió con el inicio de un nuevo proyecto: el diseño y maquetación de una revista. Al ser un producto destinado a imprenta, el control técnico es fundamental, trabajando siempre en espacio de color CMYK para garantizar un resultado óptimo en la producción física.

Para este encargo estoy combinando lo mejor de la «Suite Adobe»: utilizo InDesign como base para la arquitectura de las páginas, Illustrator para la creación de fondos y elementos gráficos complejos, y Photoshop para generar texturas personalizadas tanto en los interiores como en la portada. Si algo me está quitando el sueño estos días son las tipografías; buscar la combinación perfecta que aporte legibilidad y carácter a la vez puede llegar a ser una auténtica locura, ¡pero es parte del proceso de aprendizaje!

No todo ha sido estar frente a la pantalla. El pasado viernes decidí llevar un trocito de España a la oficina y preparé una comida auténtica para mis compañeros: tortilla de patata, jamón, queso… Fue un éxito rotundo. Me hizo mucha ilusión ver cómo disfrutaban de nuestra gastronomía y, tras los elogios, ¡ya me han pedido que repita pronto! Ese fin de semana aproveché para disfrutar del centro de Milán, perderme por sus calles, hacer algunas compras y disfrutar de la cocina italiana fuera de casa.

Esta última semana la he dedicado a realizar correcciones sobre la maquetación de la revista, puliendo detalles y ajustando estilos. Para terminar el mes, hoy viernes hemos ido de comida de equipo a un restaurante para despedir a un compañero que pronto será padre, cerrando así un enero intenso, lleno de aprendizaje y con un ambiente de trabajo inmejorable.

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