Mi aventura Erasmus+ comenzó el martes 21 de septiembre, cuando salí desde Tudela rumbo al puerto de Barcelona para embarcar hacia Italia. Aunque ya había vivido anteriormente fuera de España y conocía Italia después de haber pasado allí casi dos años, esta vez la experiencia era diferente. A mis 38 años, casado y con una vida hecha, dejarlo todo durante seis meses suponía un reto importante, pero también una oportunidad que llevaba mucho tiempo esperando.
Los días anteriores estuvieron llenos de preparativos, despedidas y esa mezcla de nervios, dudas e ilusión que aparece cuando sabes que estás a punto de empezar algo importante. Por unas circunstancias u otras, nunca había podido realizar una experiencia Erasmus cuando me correspondía y ahora tenía la oportunidad de recuperarla unos años después.
El viaje comenzó en Barcelona, donde embarqué con mi coche rumbo a Italia. Después de unas horas de ferry, un pequeño camarote y alguna que otra vuelta por las diferentes cubiertas del barco, llegó por fin el momento de desembarcar. Cuando salí por la rampa y pude volver a ponerme al volante, tuve una sensación muy clara: por fin estaba en Italia y mi aventura acababa de comenzar.

La primera parada fue Génova y, desde allí, puse rumbo a Mondovì, en el Piamonte. Allí me esperaba mi amigo Adelfio, al que había prometido volver a visitar. Aprovechamos la mañana para estar juntos y conocer la localidad, además de visitar su conocido santuario, cuya cúpula elíptica es una de sus principales singularidades.

Después de la visita todavía me quedaban unos 320 kilómetros de carretera hasta mi destino: Settimo di Pescantina, donde voy a vivir durante los próximos seis meses. Al llegar conocí a uno de mis nuevos compañeros de casa, que me explicó el funcionamiento de la vivienda y me ayudó a instalarme.
Durante el primer fin de semana aproveché para conocer la zona y localizar los lugares que voy a necesitar durante estos meses: supermercados, puntos de carga para el coche, servicios y todo aquello que ayuda a empezar a sentirse un poco más cómodo en un lugar nuevo.
También llevé algunos productos típicos de España para compartir con los compañeros del taller. Entre ellos, por supuesto, no podía faltar la chistorra. Uno puede irse a Italia, pero España siempre viaja contigo.
Después del fin de semana comenzó oficialmente mi experiencia profesional. Estoy realizando las prácticas en Bottega del Restauro, en Arbizzano di Santa Maria, Italia, un taller dedicado a la restauración de mobiliario antiguo.
La primera semana ha sido una combinación de trabajo, aprendizaje y muchos buenos momentos con las personas del taller. Hemos compartido comidas, bromas y muchas horas de trabajo, pero también he podido empezar a conocer de cerca las técnicas y los procesos utilizados en la restauración.
Uno de mis primeros trabajos consistió en decapar una pieza y retirar toda la suciedad y los restos de pintura y barniz anteriores. Ha sido una primera aproximación a un trabajo que requiere mucha paciencia y precisión.

Después de todo el proceso, pude comprobar el resultado final del trabajo realizado.

Esta primera semana me ha permitido descubrir técnicas, materiales y formas de trabajar que desconocía. La restauración de mobiliario antiguo combina historia, artesanía y mucha paciencia, y estoy descubriendo que cada pieza tiene sus propias particularidades y que no siempre las cosas salen exactamente como uno las había imaginado.

Las primeras sensaciones no pueden ser más positivas. Estoy aprendiendo muchísimo y, sobre todo, disfrutando de la oportunidad de conocer desde dentro un oficio que me parece especialmente interesante y bonito.

Todavía quedan seis meses por delante y mucho por descubrir, tanto a nivel profesional como personal. Después del viaje, los nervios, las despedidas y las primeras semanas de adaptación, ya puedo decir que estoy instalado en Italia y preparado para aprovechar al máximo esta experiencia.
Que Dios nos coja confesados. ¡Seguiré informando!
